martes, 5 de octubre de 2010

Mambitouuuus contemporáneos

Me atrevo a decir que el ambiente está muy colorido. Mucha guirnalda y azúcar, muchas sonrisitas dulzonas y bailes por doquier, pero tampoco estoy hablando de un frenético pasar de estos días, no. Por suerte la heterogeneidad del asunto torna la pista algo más divertida y contundente (y hablo de suerte, aunque bueno, los golpes de suerte son tan pero tan relativos como las puestas de sol), descartando finalmente las etiquetas terminantes, limitantes.
A veces está bueno pintarla lejos de la clásica dicotomía alegría/bajón.
No incluyo en este baile a los amores. "Los" amores, "el" amor. El amor de estos tiempos no me cautiva, ya no me siento incluida; los noviazgos suponen muchas responsabilidades, pautas que determinan si ese noviazgo es o no es. Si no lo es, no es amor. Si es amor, hay reglas. Y si hay reglas, prefiero contarla en singular, los novios contemporáneos son como la apendicitis: una patología no muy difícil de amansar, pero sí muy molesta.
Gente, hay que mover los culitos y dejar que el amor sea libre (Musicalización para el momento: todo lo que suene a experimento, juego, onomatopeya, pandereta, la-do#, palmas, coritos y sunshine pop), ya se viene el fin del mundo, hagamos el amor en las calles que está bueno, no se retuerzan el telencéfalo.


L.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Hay días en los que detesto tener dos patas y un bocho al borde de estallarrrrrrrrrrrrr.

martes, 31 de agosto de 2010

Interludio musical*

La banda favorita de Sandra MuchoTiempo era Depeche Mode. Y en este recorrido incierto por los laberintos de mi memoria, ella traía música para escuchar y ahí nos quedabamos, escuchando, bailando, durmiendo. Algunos temas de Depeche Mode tienen esa onda “drama y melancolía” que te transportan a un estado de conciencia superior. No miento, el mejor ejercicio es escuchar un live de Enjoy the silence una noche lluviosa, con las luces de la calle entrando por la ventana.

Postales. La recuerdo bailando mientras yo la miraba desde el sofá, y ella caminaba hasta sentarse sobre mis piernas. La sonrisa en su rostro de bailarina, nuestra primera vez, mi primera vez, sus ojos marrones, su pelo negro brillante. Siempre tuve la sensación de que cada canción de Depeche Mode se convertiría en pequeños himnos, postales de diferentes momentos con Sandra. No me equivoqué.

Muchos años más tarde, Sandra MuchoTiempo me dejó, pero su música -ni idea por qué- se quedó.

Precisamente por eso, cuando en junio del año pasado internaron Sandra por un intento de suicidio mal concebido, fuí a mi casa, agarré 101, un viejo disc-man Sony, y le pedí al primer taxi que se cruzó en mi camino que me deje en la puerta de la clínica.

Una postal... su sonrisa cuando me vio entrar en la habitación.


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*Post extraído del blog http://todasmisex.blogspot.com/
Ni muy rebuscado ni desbordante de información. Demasiado adorable como para no citarlo.

domingo, 22 de agosto de 2010

Noche

-Cuando no hay charla ni libro que pueda saciar el aburrimiento, es mejor la musiquita al oído.
-Tengo muchas ganas de fumar, pero tengo la garganta rota. Mala leche, piba.
-Acompañame un ratito afuera, quiero toser para al menos tener el argumento de que en algún momento de la noche tomé frío.
-Chau


L.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Publicar, escupir, vomitar, construir

Publicar, escupir, vomitar, construir párrafos de índole pseudodocumentalista no es tan fácil como parece. Si bien las crónicas de una mina de casi diecinueve años suponen ser una leve enumeración de hechos categóricamente insustanciales y mediocres (lo que análogamente puede llegar a ser un buen recurso para desembocar en la queja y acto seguido, a la búsqueda interior/exterior), cuando se es carente de razones para colgar un collage literario en este espacio cibernético es jodido. Y aparecen las preguntas comunes: ¿Por qué? y ¿Para quién?.
Para crear un poco, después de tantas cagadas y gente que tiene ganas de joder, para quejarme, para no salir a romperle la cara al almacenero, para meter un poco de lo mío en los ojos del que lo lea (aunque debo decir que ver el contador de visitas en aumento me da una sensación de vejámen algo rara), para variar entre tanta exacta que se viene taladrando en mi encéfalo (y mañana comienza la segunda parte de este suplicio facultativo, innecesario, destructivo, discriminador, maldito filtro). Para neutralizar la parte jodida de asumir lo que más me cuesta, fumarme un pucho y volver a la rutina.
Admito que en algún momento mi vínculo literario con el blog se transformó en una especie de relación de dependecia, pero jamás podría emitir ninguna clase de queja. Podría afirmar entonces que, después de todo, internet tiene su lado bueno. Detesto admitir que las cosas que sé que son nefastas y destructivas tengan un lado bueno. Será porque detesto las ambiguedades. Generalizando un poquito, puedo decir que tengo serios problemas con la ambiguedad, ya sean en términos etimológicos como de definición y empleo de la palabra.
La plata, por ejemplo, me trae esa clase de conflictos. Pero no conflictos conceptuales, sino materiales y eso me molesta muchísimo. A veces me siento algo hipócrita por necesitar lo que tanto repudio, que es la necesidad adquirida, y no la necesidad real. Detesto sentir que necesito dinero por simples frivolidades, pero a la vez pienso que la independencia monetaria es fundamental para ingresar al hermoso limbo de la madurez y la ciudadanía en su máxima expresión. Y ahí es cuando vuelvo a la maldita ambigüedad, a la falla del inconsciente, a la acción común y vulgar que se superpone sobre la convicción y las ideas que a diario me encargo de defender y reivindicar.
Siento que no estoy yendo al punto que me interesa, que es el de narrar hechos particulares. Y pensándolo bien, creo que no es el momento. Si el lugar, pero quiero esperar un par de lunitas más, porque el cambalache que se me vino encima es jodido de remontar. Ay, ay, ay, sí que hubo lindos tiempos, sí que los hubo. Me voy a charlar con mamá, que creo que me necesita más que viernes3-am.


L.


jueves, 12 de agosto de 2010

Bailecito

Y aunque en mis piernas pongan cadenas
cuando yo bailo suenan cascabeles
y mis caderas se enfrentan al látigo
con el que oprimen los capataces
porque los caporales nacimos bailando
para enfrentar al destino que nos hizo estragos
Porque la danza y la música
seguirán siendo armas
para quien quiera y sepa empuñarlas