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lunes, 15 de marzo de 2010

Libertinaje*

Libertinaje como una vorágine espléndida que revoluciona mi conducta (o reafirma la revolución interna y constante, como diría un tipo célebre que se encuentra a tu izquierda).

1. Últimamente me encuentro sin ningún tipo de restricciones (a esta altura el único factor que me condiciona es el sueño), cada vez menos cuestionamientos y lo que es mejor, con una gratificante sensación de plenitud debido a la ausencia de una estúpida razón que justifique en algún punto una suerte de intransigencia posible en cuanto a mis reacciones ante los días, las horas, los hechos cotidianos que se me estacionan por delante.

2. Palabras más, palabras menos, todas son como escupitajos espontáneos en tiempos de garganta con arena (la inusual miscelánea de emociones también produce una especie de tolerancia milagrosa: hasta te cito una frasecita célebre, Cacho), e incluso siento un cariño profundo por mis ex (es un cariño fraternal basado en recuerdos y no en las personas hoy, presente inmediato, aclaro para evitar escepticismos), de hecho, en la madrugada del sábado abracé con muchas fuerzas a uno de ellos. Fue una emoción inexacta cuyo adjetivo ideal probablemente encontraría si me pongo a pensar durante algunos minutos, pero la verdad es que no fue algo tan maravilloso como para usar el tiempo que eso implicaría en lugar de seguir con El coronel no tiene quién le escriba.

3. No hay nada mejor que gritar. Por lo general, mis gritos llenos de iras y frustraciones y el llanto van de la mano. Pero sin lugar a dudas, es mi mejor antiséptico.
La misma madrugada le di uso y a pesar de que la situación que llevó a implementarlo pudo haber sido un gran traspié en mi noche, no me arrepiento. No me siento arrepentida por hablar de más, porque la abundancia es mejor que la carencia. La carencia es jodida, es la duda, es el ¿Pude haber hecho más? ¿Alcanzará?. En cambio, la abundacia (que si bien está repleta de contras y consecuencias de hastío por redundancia desmedida) es un camino seguro. Es el parche anti dudas, es vaciarse por completo.
Para que guarden, para que archiven (las cumbias siguen sonando como hace ocho años atrás).
Es como saludar a todos los parientes de tu amigo ¿Es necesario? ¿Quedo mal si no los saludo? Saludar al tío, la tía, el primo, la novia del primo, la nona, la hermana de la tía y la prima de la nona, ¿Es soberanamente de mal gusto y superfluo por donde lo mires? Por las dudas, siempre saludás a todos. Total, ni te conocen.

4. Las señales de mis ya no tan pares son algo ambiguas. ¿Consternada? ¿Afligida? Sonrío y así les comunico en su mismo idioma, siempre carente de nitidez.
(Marche el trago que más les guste y brindemos por lo que fuimos, ésta vez pago yo y prométanme que no nos vamos a volver a cruzar a no ser que las circunstancias nos obliguen. El Camacho me provoca serias ganas de vomitar, ¿Es que ni siquiera podemos brindar por última vez? Ay lindas, nunca pudimos congeniar de la manera que hubiera querido)

5. Nunca había descubierto lo lindo que se siente tocar con papá. Algo tan nativo ignorado durante tantos años, calculo un cincuenta por ciento de falta de motivación para llevar el bombo al luthier y el otro cincuenta por falta de confianza, conexión y soltura entre ambos.
La chacarera le sienta bien al viejo. Era tan infantil en su expresión de regocijo, tocando y cantando, que yo me sentía de más. Satisfactoriamente de más.


L.


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*Éste escrito corresponde al día domingo 21 de marzo de 2010, está fechado en 15 de marzo porque empecé a escribirlo ese día.

martes, 16 de febrero de 2010

Crecí

Y no me gusta nada.
No me divierte saber que la inmunidad de la adolescencia caducó. Que estoy a muchos escalones arriba (que, por cierto, miro desde acá al suelo con vértigo y curiosidad, pero a la vez ese mismo agite en el estómago y esa blandura de los pies asustados es lo que me tira al anhelo de volver tres capítulos atrás) y el panorama es mucho más amplio. Y diverso.
La diversidad es ilustre y eficaz.
Pero la madurez está plagada de cánones y preconceptos -aclaración: puede que a simple lectura resulte altamente prejuiciosa, pero aclaro que mis prejuicios son mucho más livianos de lo que parecen-, acciones y fines claves y vidas acartonadas. Es una madurez de selección, un producto.
Imaginemos la siguiente situación: una marca reconocida fabrica colchones para el uso cotidiano (dormir, sentarse, saltar, tener sexo, hacer "vuelta carnero"). La máquina produce éstos elementos en serie, mismo interior, mismos resortes, misma tela exterior, mismas medidas. los que no cumplen el testeo de calidad, chau, quedan fuera del mercado. Bueno, algo así funciona la vida adulta y pasa lo que pasa cuando uno no calza justito.
Te tiran al asfalto (sí, te revolean a la fuerza, porque un mandato superior, magnánimo, determina que así sea) y vos estás en pelotas. El desamparo es un cambio drástico, y para revertirlo implica toda una serie de mecanismos para autoreconstruirse "Guacha, ahora tenés que aprender a hacerlo sola" y aprendemos a categorizar, nomás (o mejor dicho, aprendemos las categorías como los comandos de los videojuegos). Vida plena, comodidad total, simplicidad en su máxima expresión; simplicidad, plenitud, comodidad, plenitud, simplicidad. Y nos olvidamos de las utopías formuladas en nuestra adolescencia, la quejas fervientes y la indignación impresa en la rebeldía, en el boca en boca, esa difusión tan elemental y rudimentaria que nos parece mayúscula, extraordinaria.
Y tengo miedo. Un poco por lo que espero de mí y otro poco por los personajes con los que me voy a topar en la vida.
Uno nunca sabe.

Ojalá nunca pierda las ganas de aprender y no meterme en el vicio de tener (o que él me meta a mí); ojalá nunca deje de mirar con orgullo mi familia, por más baches y costumbres que no comparto, por más errores que tenga. Espero nunca olvidarme de dónde vengo ni con qué ideas me forjé; voy a procurar seguir siendo como hasta ahora, lejos de pretender grandes cosas sino que desear saber mucho y difundirlo.


L.

jueves, 11 de febrero de 2010

REVOLUCIÓN

Revolución: ¿Quién mejor que un latinoamericano para pronunciarla? Nace en nuestro idioma y perdura en el anhelo de nuestra tierra.


L.